Siete minutos

Se tuerce el día.
En un mini paréntesis de siete minutos, te centras únicamente en observar lo que te rodea, olvidándote de ti.
Un niño que juega con su perro en la playa. Le lanza algo al mar, el perro nada mar adentro. Y afuera. Y quiere repetir.
Un hombre de avanzada edad que cuida sus piernas repletas de varices a la orilla del mar.
Una pareja que está en esos tiernos momentos de los que todo principio goza.
Tienes que irte.
Vuelves a la monotonía y a los mismos conflictos pero un poco menos cabreado.
Los fines de semana tienden a ser lo que para nuestro cerebro el sueño de cada noche. Esos momentos de hacer limpieza, de discernir lo que ha valido la pena y lo que no de la semana. Y aunque a veces cueste dejar algo del lado bueno de las cosas, de verdad que lo hay. Siempre lo hay.
No digo que sea fácil afrontar cada situación de la vida, ni mucho menos. Sólo que si siete minutos pueden bastar en un momento dado para cambiar la actitud que medio día te lleva grabando a fuego, un fin de semana tiene que ser suficiente para coger el siguiente lunes con la intención de que todo sea mejor ahora.
¿Optimismo excesivo? ¿Conformismo tal vez? Entre ser feliz con lo que tengo y amargarme porque no tengo lo que creo que me haría feliz, no tengo dudas. Si tú las tienes entonces te has equivocado de lectura.
No siento que sea conformista cuando sé sacar una alegría en lo que se da por circunstancias completamente ajenas a mí. Esto no significa que no luche contras esas circunstancias cuando creo que son injustas. Pero es bueno saber resignarse. Saber cuándo las cosas no pasan para herir a uno, aunque le hieran de todos modos.
Llámale daño colateral si quieres.
El mundo no gira en torno a nosotros y siento que la gente que se cabrea con el mundo lo hace porque cree que en el fondo, el mundo gira a su alrededor y que todo su entorno conspira, a favor o en contra, siempre respecto a su persona.

 

“Yo, más humilde soy y sólo quiero que la ola que surge del último suspiro de un segundo, me transporte mecido hasta el siguiente”.

 

Resumiendo:
La vida va a ser y pasar, con o sin ti, a su ritmo. De ti depende si quieres aceptarla, decidir qué hacer en cada momento y sacarle el máximo partido posible; o languidecer horrorizado por el mal trato al que te somete la cabrona, ay, pobre de ti.

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